






En mi MSN estoy con la Semana Futurama, así que pongo una nota que escribí hace poco más de cuatro años, cuando la serie era cancelada. Aún no he visto el largo en DVD que sacaron el año pasado.
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Una tristeza infinita
Parece que Futurama termina. Matt Groening contó que desde chico, cuando era un gran consumidor de historietas y literatura de historias de ciencia ficción, había deseado tener su propia creación con naves y alienígenas. Por ahora se quedará en Fox sólo con Los Simpson, curiosamente creada de urgencia en una sala de espera de un ejecutivo de la televisión, que ya tiene garantizado el contrato hasta 2005. Habrá que ver qeu tan recordada será la serie que comenzó en 1999 y que hizo vivir a Phillip J. Fry en el siglo XXI, momento en que las culturas de todos los planetas convivían como en la misma casa.Ya desde el comienzo de 2002 los hicieron correr el rumor por internet: Cancell Futurama. A la vez lanzaron un petitorio que cientos de miles firmaron (¡firmamos!) para revertir la situación, pero sólo se logró estirar un poco más el elástico. Finalmente, se decidió el levantamiento y ahora somos un poco menos felices.
Los Simpson desde 1998 cayó en un desgastamiento ante el cual nadie pudo hacer nada. El dibujo animado señero de una década que mezcló de manera inteligente la apatía de los ’90, un humor corrosivo, una mirada sobre la cultura popular americana, la autoconciencia y un toque de ternura, junto a un ritmo que no decaía, desembocó en un producto que no hace otra cosa que hablar de si mismo, se convirtió nada más que en televisión del guiño, un muestrario de gags “críticos” que nada tienen para contar. Antes si que contaba y entretenía sin necesidad de hacer continuamente referencia a la estupidez de Homero.
Es verdad que Futurama nunca tuvo la misma popularidad. A muchos les parecía que era demasiado poco en contraste con la riqueza conceptual de la familia amarilla. El acostumbramiento probablemente creó otras espectativas. Lo primero que cabe señalar es que la serie se alejó totalmente del tono realista de su antecesora y se lanzó abiertamente a la aventura; más bien ES una serie de aventuras y ciencia ficción, que nunca renegó de su linaje. Y con comedia, por supuesto. El público universitario que venía consumiendo con avidez la televisión de Los Simpson, Ren y Stimpy, Beavis y Butthead, South Park y Duckman quedó desconcertada con esta nueva propuesta que no apuntaba directamente al costado más sardónico del cerebro. Además el se va mil años hacia adelante, contradiciendo incluso el gusto pormoderno por los tiempos pasados, aunque convengamos que Futurama bien podría formar un serial del estilo Flash Gordon. Apostó por un camino, digamos, más clásico, aunque esto no es todo.
Sus historias son lineales, y hasta a veces se concentran en un solo personaje. Se desvía de las comedias televisivas que con el paso de los años se había estructurado de tal forma de contar 2 ó 3 historias paralelas. Este tipo de narración audiovisual que conduce al espectador hasta el final sin muchos saltos seguramente desconcertó a muchos que querían más y más vueltas de tuerca en Groening. En general son los que lo único que veían en Los Simpson era un mensaje panfletario, y buscaban en Futurama algo aún mayor, con globalización comiéndose el universo incluida. Las historias de Fry y sus amigos están marcadas por la aventura sin sonrojarse. Una empresa de transporte de mercaderías y bultos varios, Planet Express, que hace entregas de un lado al otro del cosmos es la excusa perfecta, con un grupo de trabajo que está más unido por la soledad que por el amor. No hay un espíritu de prosperar o de gusto por el trabajo. No pertenece a la línea de los grupos profesionales del cine de Hawks. Cayeron en ese lugar porque no les quedó otra.
Si en algo se mantiene fiel a Groening y a los dibujos americanos de la década anterior es a la atmósfera desencantada. Cuando Fry llega por casualidad (o no, ya que más tarde se nos revela algo que lo contradice) al año 3000 luego de estar congelado en una cámara criogénica es un muchacho de 25 años, totalmente cansado de su vida. Incluso festeja haber dejado atrás a su familia y novia. En la New New York en la que despierta, que sufrió el ataque de extraterrestres y fue reconstruida, las cosas parecen estar mas o menos igual que antes. Las tecnologías están ahi nada más que para hacer más expeditivas algunas tareas como el suicidio, pero en nada ayudaron al mejoramiento de la vida. Los tubos transparentes de transporte que cruzan la ciudad tienen linyeras durmiendo dentro, como si se tratara de un vagón de subterráneo. Las máquinas parecen juguetes, nada más que para darle un aspecto más lúdico a las tareas cotidianas. La recorrida por la ciudad de la presentación se asemeja a la de Los Simpson, aunque ésta, además de ser por tierra, anticipaba su carácter azaroso; la de Futurama simplemente muestra la contaminación visual y el caos al que se llegó. En la maraña vuela la navecita de Planet Express, que se estrella contra una pantalla que para cada episodio transmite un fragmento pequeño de un viejo cartoon de la Warner; pequeño homenaje al glorioso dibujo de celuloide hecho sólo para cine. Una gran cantidad de gags visuales y juegos de palabras se logran a partir de los carteles, en tal cantidad que a veces se hace necesario grabarlos y verlos de vuelta. No quiere decir que en el futuro todos sean más cultivados y dediquen más horas a la lectura, pero si que la información necesaria para manejarse en un mundo atestado es mucho mayor. Internet en el 3000 es un lugar al que se accede fisicamente volando como Peter Pan, y en el momento uno es atacado por gigantescos avisos voladores de cosas que uno ni desea adquirir.
Y si la apatía disfrazada de aventura lo une finamente a la televisión de los ’90, la tristeza es un diferenciador importante. Lejos de la ironía y el cinismo, con el paso de los episodios se consolidó el programa más desolador. Fry, de la actitud feliz y escapista del comienzo, pasa a dar cuenta de que no lo menospreciaban tanto como él creía en el siglo XX, menos su hermano, como comprueba en el episodio The Luck of the Fryrish. O que su perro no lo había olvidado luego de su congelamiento en el Año Nuevo de 1999-2000. En éste último, Jurassic Bark, el animal se queda esperando a Fry 12 años en la puerta de la pizzería en la que trabajaba, hasta que fallece; el verdadero drama es que Fry no lo resucita pensando que no lo va a reconocer, para que a continuación sólo el televidente vea no es así. Hacía rato que un producto televisivo no dejaba un nudo de tal tamaño en la garganta. El tiempo, que es el puntapié inicial de Futurama, no es para tomarse en broma y lo que más duele es la imposibilidad de remontarlo para subsanar heridas pasadas. El resto de los personajes también tienen lo suyo, o por lo menos se sienten condenados a la soledad. El Dr. Farnsworth es un viejo cenil, Leela una mutante abandonada por sus padres, Zoidberg un crustáceo que no puede amar, Kif, el asistente de Zapp Branigan, tímido y soñador. En el caso de Bender, Hermes, Amy y Branigan, por supuesto, parecen estar más cómodos con sus caprichos y manías. Tendría que haber continuado la emisión para ver si realmente eso no era sólo un disfraz.
Para concluir, cabe decir que Fry fue pensado por Groening hace mucho para llevar la voz del gran actor Phill Hartman, asesinado por su esposa el 28 de mayo de 1998. En homenaje el personaje lleva el nombre de pila Phillip. Si hacían falta más lágrimas...





Un nuevo conflicto fronterizo empaña la hermandad latinoamericana. El pueblo de Mendoza ha lanzado una proclama contra extrañas facturas de crema pastelera que Chile intenta instalar mediante la cadena de panaderías La Estrella de los Andes. No dejaremos que nuestras tradicionales tortitas pinchadas sean desplazadas por ese empelagocismo cipayo, que los paladares mendocinos sean saturados por esa mariconada amarilla. La grasa da brillo a la belleza de las mendocinas, más en comparación con la fealdad de la chilenas.



TV:
Lalola empezó como una copia de Blake Edwards, pero se despegó de lo anecdótico y se convirtió en una comedia de velocidad. Carla Peterson es excelente; hace 10 años la vi por primera vez en Naranja y media, donde hacía un personaje secundario, y recuerdo una bizarra escena de un parto.
"Desde Garzón", con Francis Mallmann, raro título que no se si es todo o sólo lo que está entre comillas, así que italizo todo. El gran cocinero hizo 5 o 6 programas nada más, se puso una carpa en la región donde tiene su nueva posada y cocinó platos básicos para llegar a la fuente del sabor. Eso es tener clase.
Boulangeri. Programa de panaderos con horno a leña. Bruno Gillot y Olivier Hanocq son dos franceses que viven en Argentina hace más de 10 años. Desde lo visual está el placer físico del amasado; desde lo auditivo está el cocoliche galo de Bruno, lleno de "eeee", "uuu", y todo ese dudar francés, que hace que el entendimiento de lo que dice se convierta en una montaña rusa.
Lost. Gracias a que me hincharon y a los DVD, recién en marzo me enganché con la serie y no la pude largar. Vi 15 horas en un par de días. Es lo más cercano a una adicción porque llega a cualquier, más allá de sus intereses, no es algo para cierto grupo. Después de meterse en el universo de la serie todo se ve así. Locke es un grande y Claire está más buena que una pizza de roquefort.
Las 100 grandes canciones de los '80 en español. Al filo del año, VH1 larga este especial, un maravilloso recorrido no prejuicioso por la música de esa década, que pone en un mismo ranking bondades dispares, Sumo y Las Primas, digamos, para demostrar que lo fundamental de las melodías de esos años eran dardos directos al movimiento y a los sentimientos.
Peter Capusotto y sus videos. Lo he visto más en Youtube que en Canal 7. Un paso más allá de Todo por 2 pesos y desmitificación de la cultura rock. Pomelo en la tapa de la Rolling Stone. El auspiciante de la traducción de letras de canciones, "Acá si que no se coge". Capusotto es el hombre orquesta de la comedia.
La vuelta del año: John McClane.
Blog: I hate you Bafici, que pegó un pequeño salto a los medios masivos... por un par de segundos.
Libros:
La biografía de Morton Cohen sobre Lewis Carroll y Relaciones Peligrosas.
Debut repostero: Las letras de azúcar impalpable para hacer letras sobre las tortas de cumpleaños.
Hecho antropológico: Mi baile caótico entendido (o soportado) por Silvana, Paula y Alejandra.
Lo último de lo último: Fin de año. Mi papá siempre quiere reunirse en algún restaurant con baile y esas cosas. Pedemonte (No Flavio), famoso lugar de Avenida de Mayo, y caro. Música de fondo que parecía sacada de esos LP que vendían las estaciones de servicio hace veintipico de años. Parecía un lugar de trampa, pero las luces bajas al final parece ser que era un problema técnico. Muy bien no se veía lo que se comía. Había gente deambulando por el local, incluso un chongo con musculosa, caricaturesco. Todo quería lucir fino y tradicional y no lo era. Así que vuelvo al comienzo de la entrada y pienso que era lo más parecido que he visto al restaurant de Playtime. Cuando me volví podría haber puesto la obra maestra de Tati, pero era muy obvio, así que me vi Tener y no tener.
VH1, de por sí, es un canal de culto. Ahora están dando un ranking de las 100 canciones en español de los '80 que pone ese culto a niveles insospechados. Entra desde lo predecible, Soda Stereo, Sumo o Charly García, hasta Las Primas, Pablito Ruiz o Johnnie Tolengo. Todo con comentarios de Carozo y Narizota y Paolo el rockero, entre otros. Una simpática berretada muy disfrutable.

Hasta hace un par de meses, las mujeres argentinas entregaban sus vidas por Sayid. Hoy lo hacen por Martín Lousteau. Lindo, seriecito, millonario y liberal, con algo de pátina progresista que el Gobierno le pone a todo lo que camina. Tiene novia cheta y pasea por Palermo. Se acabó la revolución y la moda de ser de izquierda porque son las mujeres las que marcan el pulso. El Che podía tener su facha pero tenía ese bigote y ese uniforme sucio que ya no va. Dentro de 20 años, el retrato de Lousteau va a estar en las remeras de todo joven argentino.







